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Acoso sexual en Internet.

Publicado 06/12/2017

La cotidianeidad y el uso excesivo de las nuevas tecnologías genera una sensación de confianza que, junto a otros factores propios de Internet como el anonimato y la desinhibición promueve conductas de riesgo cuyas consecuencias van más allá del entorno online (Montiel, Carbonell & Salom, 2014).Así, la red se ha convertido en un factor de riesgo en sí mismo para cierto tipo de delitos que atentan contra los derechos denominados de cuarta generación.

Uno de los peligros asociados a las nuevas tecnologías es el grooming, que suele definirse como el acoso sexual por Internet a personas menores de edad. Se ha dado tal aumento en los últimos años, que tanto la legislación internacional como el Código Penal español se han hecho eco de ello.

Internet se ha convertido en una herramienta esencial para individuos con fantasías pedófilas y constituye una fuente casi ilimitada de material de abuso infantil. Es un nuevo lugar de reunión, ya sea en busca de archivos o información para llevar a cabo sus fantasías o en busca de una comunidad que normalice su conducta y afiance sus distorsiones de comportamiento en cuanto a las relaciones sexuales con menores.

Algunos de los procesos de acercamiento sonel envío de imágenes eróticas o sexuales del menor en cuestión. Estas imágenes en manos de un agresor online, hacen que el abuso perdure en el tiempo y que se incremente el impacto psicológico. Su mera existencia aumenta el sentimiento de culpabilidad al pensar que pueden ser utilizadas para chantajear o amenazar a otros menores, o que pueden ser visitadas por otras personas con fines sexuales.

Una de las acepciones del verbo "to groom" es la de "preparar a alguien para una función o papel específico, o bien con determinada finalidad”. No se trata de un hecho aislado, sino de un proceso de seducción en el que el groomer gana la confianza de la víctima. En el año 2004, O'Connell identificó cinco fases en este proceso:

  • Establecimiento de la amistad en un primer contacto.
  • Afianzar la relación, conversando sobre la vida personal del menor.
  • Valoración del riesgo, haciendo preguntas sobre la supervisión del menor.
  • Exclusividad, donde la conversación se torna más privada abarcando problemas personales y secretos del menor.
  • Sexual, cuando el adulto conduce la conversación hacia este terreno.

El tema sexual se introduce gradualmente, bien compartiendo detalles de sus propias experiencias o enviando imágenes de abuso infantil. Esta preparación tiene dos funciones: activar sexualmente al menor y promover que comparta con él sus propias imágenes de contenido sexual.

Es necesario romper los estereotipos respecto a las personas que buscan contacto sexual con menores. Los ciberagresores son personas comunes, normalmente hombres aunque el número de mujeres está aumentando, de casi cualquier edad, cultura y ubicación geográfica, con un amplio dominio de Internet y redes sociales. Hablando en términos numéricos: un 50% comenzó antes de los 16 años, un 85% de los casos es familiar o allegado de la víctima, y un 95% de ellos ni siquiera oculta su identidad al cometer el delito. A esta variedad en características demográficas, se une la variabilidad en cuanto a patrones de comportamiento que señalaron Webster et al., en 2012.

  • Buscan relaciones íntimas a largo plazo con menores.
  • Necesitan satisfacer impulsos de manera inmediata.
  • Se adaptan a las características del menor y a cómo reaccionase durante el acercamiento.

En lo que a víctimas se refiere tampoco se puede identificar un perfil concreto. Hay una gran diversidad en cuanto a clase social, área de residencia, etnia o cultura. Lo que hace a los menores especialmente vulnerables a este tipo de delito es que aún no han desarrollado plenamente sus habilidades sociales y no han desarrollado el análisis de situaciones, y en especial los adolescentes son los objetivos preferidos por los ciberabusadores.

¿Por qué los adolescentes? Por las características propias de esta etapa evolutiva: aumento de interés por la sexualidad, utilización de Internet para resolver sus dudas respecto al tema y dificultades en la relación con sus padres. La edad de mayor riesgo online parece estar entre los 13 y los 15 años, puesto que hay un mayor uso de Internet.

¿Todos los adolescentes tienen el mismo riesgo de convertirse en víctimas? Hay ciertas características que aumentan su vulnerabilidad. La falta de autoestima o de confianza en uno mismo hace que sea más fácil aislar al adolescente de su entorno; la inseguridad emocional le lleva a buscar figuras de apego que pueden encontrar en el entorno online; y una inocencia exagerada puede generarles dificultades a la hora de reconocer situaciones potencialmente peligrosas o a mantener conversaciones online con desconocidos.

¿Qué medidas se pueden tomar?

La primera observación es que adolescentes y acosadores suelen estar más familiarizados con el uso de redes sociales que los padres o tutores. La segunda, el desconocimiento por parte de los menores de los riesgos que tiene publicar información personal en redes sociales. Por eso, se pueden extraer varias recomendaciones de estudios realizados al respecto:

  • Respetando cierto nivel de privacidad, es importante que los padres o tutores conozcan el uso de Internet que hacen los menores a su cargo.
  • Como padres o tutores, estar sensibilizados y conocer el problema del acoso por Internet.
  • Educar desde niños en un uso correcto de las nuevas tecnologías y las redes sociales, con el objetivo de aumentar la privacidad en los perfiles.
  • Alertarlos sobre los riesgos de publicar información personal y de compartir imágenes con personas conocidas y no conocidas.
  • Desmontar el mito del agresor sexual como persona extraña, antisocial o huraña, e informar a menores y mayores a su cargo de que el 85% de los acosadores son personas cercanas al niño o la familia.
  • Consejos básicos: Ubicar el ordenador en un espacio común y de uso frecuente, regular y controlar el uso de webcams.
  • Ante una situación de acoso o abuso sexual online, no dudar en denunciar.

Todo ello nos alienta sobre la necesidad de trabajar para desarrollar actuaciones preventivas y de intervención ajustadas al problema.

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