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El correo electrónico como prueba judicial.

Publicado 17/06/2018

La aportación de correos electrónicos en el caso Urdangarín ha puesto de manifiesto el valor probatorio que este tipo de comunicaciones puede llegar a tener frente a un tribunal. Debe señalarse en primer lugar que, en el plano sociológico, la noticia sobre esos e-mails se ha tomado con absoluta normalidad, sin que a nadie haya extrañado ya la incorporación de documentos electrónicos a un procedimiento judicial. Pero es interesante analizar también, en el plano jurídico, qué efectos pueden tener esta prueba, qué la refuerza y qué la desvirtúa.

Muchas de nuestras comunicaciones profesionales las realizamos a través de correo electrónico. Y en caso de vernos envueltos en una reclamación judicial de cualquier tipo, puede ser necesario aportar estos correos como prueba documental.

El correo electrónico se considera, a efectos procesales, como un “documento privado”, de lo que se deriva lo siguiente: Si la parte que se pueda ver perjudicada por su contenido no los impugna, los correos electrónicos “harán prueba plena en el proceso”; si hay una impugnación de su autenticidad, deberá practicarse la prueba  que resulte pertinente para determinarla y, en función del resultado, el juez “valorará conforme a las reglas de la sana crítica” el correo en cuestión, salvo que quede acreditado que dicho correo era falso, en cuyo caso carecerá de valor probatorio alguno, como es lógico.

Pero la pregunta que siempre nos encontramos en estos casos es: ¿Serán admitidos estos correos electrónicos como prueba? Intentaremos responder a esta pregunta de la mejor forma posible.

El principal problema radica en que habitualmente, lo que se presenta como prueba es una simple impresión del correo electrónico, y esto es algo fácilmente manipulable, por ejemplo, simplemente utilizando la famosa aplicación “Paint” disponible en sistemas basados en Windows. Por tanto, hablamos de documentos impresos, que podrían ser admitidos como prueba, siempre y cuando la parte contraria no ponga en duda la veracidad de los mismos, mediante una impugnación.

¿Podemos anticiparnos a esta impugnación? Por supuesto. Analizaremos algunas de las distintas opciones disponibles:

  1. 1.    Correo Electrónico Firmado Digitalmente

La mejor alternativa para que un correo electrónico sea aceptado como prueba en cualquier proceso, sin posibilidad de refutación y con garantía de validez es utilizar un sistema de envío de email certificado. Estos sistemas se basan en que un “tercero” actúa como intermediario (como si fuera un notario, o de forma similar a lo que ocurre con los burofax que se envían a través de Correos). El intermediario “da fe” de la veracidad del contenido de correo, fecha de envío/recepción, direcciones IP de envío/recepción, etc…

En este caso, lo que se presentaría en sede judicial sería el informe expedido por este intermediario. Es un sistema sencillo y bastante económico, pero tiene un principal problema que se debe utilizar “por adelantado”. Si no se ha contratado el servicio antes de enviar o recibir el correo, será imposible que se pueda utilizar este sistema. Algunos proveedores que proporcionan este servicio en España son:

    EGarante – www.egarante.com

    MailCertificado – www.mailcertificado.com

    Lleida.NET – www.lleida.net

  1. 2.    Correo Electrónico verificado en Informe Pericial

El hecho de que un correo electrónico o e-mail no venga avalado por la certificación de firma electrónica, no implica que no pueda ser valorado como prueba, pues el artículo 326 de la Ley de Enjuiciamiento Civil no impide que su autenticidad pueda quedar acreditada por medios distintos del reconocimiento. En estos casos es recomendable contactar con un Perito Informático.

Este profesional se encargará de realizar una copia de seguridad de los correos en cuestión, de asegurar su no alteración mediante la generación de una cadena de comprobación HASH y de analizar sus cabeceras y sus contenidos, para emitir un informe en el que detallará toda la información que de dichos correos pueda obtener.

Esta es la mejor forma de asegurarse que los correos puedan ser admitidos como una prueba válida y de evitar las posibles impugnaciones por la parte contraria, que en caso de realizarse, muy probablemente requerirían la emisión de otro informe pericial en contra, con el sobrecoste que ello podría generar.

El correo electrónico es, por tanto, un medio de comunicación más y más utilizado cada día y es un potencial productor constante de pruebas. Desde el punto de vista jurídico, es recomendable ser muy conscientes de lo que supone enviar o recibir un correo electrónico, habida cuenta de la trascendencia que el mismo podrá tener en caso de un eventual pleito. Salvo que se pruebe su falsedad, partimos de la premisa de su autenticidad, por lo que no está de más una reflexión final.

Han pasado dos mil años desde que se escribiera por vez primera aquello de “Quod scriptum, scriptum est”, pero la idea es plenamente aplicable. En nada cambia que se use un pergamino, una tablilla o el teclado de un ordenador. Lo escrito, escrito está.

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