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El rastro digital del delito frente a la Justicia española.

Publicado 27/10/2019

La explosión de las tecnologías de la información y la comunicación ha transformado nuestras vidas, nuestra sociedad, nuestra cultura, “digitalizándonos”. Una generación posterior a Negroponte 1995, ya nadie duda que seamos digitales, irreversiblemente digitales. El mundo, tal como lo percibimos, sigue siendo un lugar estrictamente analógico. Desde un punto de vista macroscópico, no es digital en absoluto, sino continuo. No obstante, está cada vez más soportado por información digital.

En cientos de situaciones que vivimos a diario interactuamos de diversas maneras con la tecnología de la información y la comunicación. Nos despertamos, nos movemos, nos comunicamos, nos informamos, nos ubicamos, estudiamos, trabajamos, jugamos, viajamos, compramos, vendemos, pagamos, cobramos, compartimos y “somos”, mediados por la tecnología digital. Por el solo hecho de vivir en sociedad, consumimos y producimos información digital (o provocamos su producción). Y en ese ser y vivir digital, dejamos permanentemente huellas o “rastros digitales”; información digital que habla de nosotros y de nuestras acciones. Evidencias digitales de nuestro paso por la vida.

La informática forense posibilita la detección y recuperación de la información digital que sirve de evidencia a la hora de reconstruir un hecho o sucesión de ellos. La actuación forense en informática permite recuperar y enhebrar esos rastros digitales de nuestro paso por la vida, garantizando su valor probatorio.

La demanda de pericias informáticas por parte de la justicia es cada vez mayor, y crece permanentemente, dado que los rastros digitales se multiplican y son cada vez más importantes y determinantes en la investigación. La necesidad de evidencias digitales válidas que permiten reconstruir los hechos por parte de la justicia es evidente e imperiosa, y la responsabilidad de la justicia respecto de la incorporación de estas evidencias digitales al proceso investigativo y de administrar justicia es ineludible.

La Informática Forense demanda de personal entrenado en la materia, que pueda actuar metódicamente, mantener la cadena de custodia y no contaminar la prueba, principios forenses básicos. En la actuación forense o pericia se deben obtener evidencias, a fin de reconstruir la real sucesión de los hechos estudiados. La tarea clave es la correcta recuperación de toda la información posible, tanto visible como oculta, relacionada con el hecho de estudio.

A la hora de recuperar la información, el perito informático debe trabajar con diferentes tecnologías, diversos métodos de almacenamiento, tecnologías que naturalmente eliminan evidencias, mecanismos internos de protección de la información, ausencia de herramientas específicas, herramientas que cubren sólo una parte del proceso, diferentes sistemas de criptografía, y otros obstáculos, siempre garantizando un proceso reproducible de adquisición, examen, análisis, preservación y presentación de la evidencia para que tenga valor probatorio. Dada esta complejidad se requiere de profesionales altamente calificados desde lo técnico y respetuosos de los procedimientos que fijan los códigos procesales para la actuación forense.

La Informática Forense es una disciplina que se desarrolla en este campo interdisciplinar donde la informática va en auxilio del derecho en general y de la justicia en particular. Ergo, es importante conocer tanto el marco legal como el marco técnico y lograr que “ambos mundos hablen entre sí”.

Pero en un procedimiento judicial existen varios actores además del perito judicial. Hay múltiples casos en que la ignorancia tecnológica de un juez, un fiscal o un policía acaba perjudicando a personas inocentes: Muchos jueces no tienen ni idea de tecnología ni de internet. En la Policía ha habido un cambio relevante en los últimos años, ha subido mucho el nivel, pero a veces no entienden o trabajan en condiciones que les llevan a hacer chapuzas. Y a un juez puedes intentar sacarlo del error, pero si el abogado defensor tampoco entiende de tecnología puede haber sentencias con graves errores.

En mi experiencia como perito judicial desde 2014, participando en vistas orales en primera instancia, he podido corroborar que la ignorancia es un arma de doble filo que puede inclinar la balanza de mala manera. Jueces que dan más valor al informe de un detective privado que a un dictamen pericial forense. Jueces y fiscales que ante un acta notarial basado en capturas de pantalla de Whatsapp, inutilizan un dictamen forense porque la palabra de un Notario va a misa. Abogados que no saben distinguir entre un documento en formato Word de otro en formato PDF.

Estos errores pueden ser altamente perjudiciales incluso aunque se resuelvan antes y no lleguen a reflejarse en una sentencia: Las malas praxis nos retrasan mucho a todos: yo perdí casi dos años esperando a que un juez me dejase acceder al disco duro del ordenador requisado de un cliente para hacer un informe pericial en un caso penal. Hay muchísimos operadores jurídicos que no tienen ese nivel de conocimiento, cuando la tecnología ya juega un papel muy importante en todo tipo de delitos. Este déficit de conocimiento a veces nos lleva a una justicia demasiado pericial, buena parte de las conclusiones acaban dependiendo de lo que el perito le diga al juez. Y no es lógico porque, igual que muchos jueces saben de derecho pero no de tecnología, un perito puede saber de tecnología pero no de derecho.

El panorama, en definitiva, es un auténtico rompecabezas. En medio de un contexto en que la tecnología cada vez juega un papel mayor en delitos como la violencia de género, la sextorsión, los chantajes, las amenazas, las estafas o incluso los asesinatos, los responsables judiciales españoles van aumentando sus conocimientos sobre la materia, pero a una velocidad tal que se sigue incurriendo en importantes errores de bulto. Y esos fallos pueden desembocar en sentencias erróneas o gravemente perjudiciales para las personas que pasen por un proceso judicial. Y mientras el déficit tecnológico siga existiendo, muchos inocentes se verán altamente perjudicados, los miembros de cadena judicial verán entorpecido su trabajo y la justicia seguirá siendo más lenta de lo que cabría esperar. Entre unos y otros, la casa seguirá sin barrer.

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